Nunca necesité de las palabras para saber lo que es bello,
porque lo vi a través de las flores que se
abren para mostrar la majestuosidad de sus colores. Los animales me enseñaron
que el sexo era libre. Conocí el infinito contemplando la grandeza del mar y él
mismo me enseñó que todo era posible a través de los más diversos y fascinantes
animales que acobija en sus profundidades. De él aprendí también la furia de
sus tormentas que no perdonan, pero siempre hay un aliado que aleja las nubes llenándonos
de luz y nos funde en su cálido abrazo. Y él mismo nos deja libres para darle lugar
a la luna que ilumina nuestros misterios.

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