El otro día un profesor me hizo una confesión, que para mí fue una revelación.
Me dijo que con los alumnos de la UP no tiene muchas esperanzas (y tendrá sus motivos).
Me dijo además, que a los de la otra facultad les da textos más interesantes para leer, porque los de la UP no los apreciarían.
En el primer año de la carrera, un profesor nos aconsejó que mientras fuéramos estudiantes y no tuviéramos la necesidad de trabajar, que aprovecháramos ese tiempo libre para leer algunos clásicos. Entre otros, nos mencionó
Crimen y Castigo de Dostoievski. Ya leí tres libros de él y a otros rusos que fui descubriendo por el camino.
También nos dijeron que era imperioso que leamos
El malestar en la cultura de Freud. Lo leí. Otro; que aunque no estuviera en la bibliografía de la cursada, que leyéramos
El discurso del Método de Descartes y ya forma parte de mi pequeña biblioteca.
Si los padres no les dijeran a sus hijos que pueden tocar el piano, dibujar un retrato o bailar ballet, el niño no lo hará, simplemente porque no sabe que existe o no lo ve en el mundo de sus posibilidades. Los chicos aprenden de los padres y los alumnos de los profesores.