domingo, 7 de abril de 2013

La juventud efímera



Levanté el flequillo y allí estaban. Una bajo la otra de manera irregular pero precisa. ¿Era eso que estaba pensando? Subí y bajé las cejas varias veces y luego me quedé inmóvil, con los ojos clavados en la frente a través del espejo, más tiempo de lo que un observador normal. Tenía la ilusión de  que fueran causa del movimiento. Pero no. Venían para quedarse. Marcaron su territorio.
Sentí lo que se siente ante lo nuevo y desconocido. Dudas, incertidumbre, miedo. ¿Es este el fin del principio? ¿Es este el aviso de que la juventud le pertenece sólo al tiempo? Sí.
No voy a mentir y decir que me horroricé. Las acepté sin más. Bajé el flequillo y seguí con lo mío. Aunque debo admitir que algo cambió. Ayer no las había visto. De hecho, desde que nací hasta ahora.
Y Ahí van, tan pretenciosas, al frente y arriba de todo, como indicando el camino. Están en el presente, representan al pasado y sabemos que serán más en el futuro.  
No queda más que darles la bienvenida ya que son tan espontáneas e imprevisibles,libres, mías.

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