Hace un tiempo escribí sobre el suicidio. Hoy lo vi.
De un edificio al lado de mi lugar de trabajo se arrojó una
mujer. No sé de qué piso. No sé su edad, estado civil, religión o nacionalidad.
Pero estaba ahí, a escasos metros míos. Muerta. En realidad vi su mano que
sobresalía de la bolsa de plástico gris con la que fue cubierta. Al lado, un
señor llorando sentado en el cordón. Muchos patrulleros y dos ambulancias.
Periodistas que no tardaron en llegar, vecinos curiosos de los que yo formaba parte.
Palabras, manos en la cabeza, pena, compasión, escalofríos, dudas, gotas de
lluvia cada vez más intensas. Un chico en una moto contó como vio caer el
cuerpo delante de él y de cómo se salvó de la bolsa de plástico gris esta vez.
Hoy fue un día oscuro, lluvioso y frío. El último del
verano. Y una mujer se mató.
No sé cómo fue su vida pero sí su muerte aunque sólo vi su mano
asomándose por debajo de la bolsa de plástico gris. Saludando con un eterno
adiós.
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