domingo, 22 de abril de 2012

Los pies, la cabeza




Físicamente la distancia entre los pies y la cabeza es la más larga del cuerpo. Aunque el maestro de kabbalah, Yehuda Berg, sostenga que la más lejana es la que existe entre el cerebro y el corazón.
En el colectivo yendo a la casa de no sé quién  y luego de haber revisado mi cartera con el objetivo frustrado de encontrar algún libro o aparato musical que me distrajera, comencé a observar mis botas. Unas texanas nuevas, duras, de no muy buena calidad. Pero lindas. Recordé a mis texanas viejas porque estas no tenían ninguna marca importante de uso. Caminé mucho con ellas, en invierno, verano, lluvia, sol, nublado. Pensé en el día en que me las compré, en los lugares que visité, los viajes, los amores, las comidas, las gotas de lluvia. Pensé en los chicles pegados en el asfalto, en la tierra de las plazas, en la arena. Pensé en mí. Fue un momento de realidad. Sí, en el bondi, lleno de realidades, de incomodidades, malos humores, malos olores, celulares, miradas fugaces. No valía la pena mirar por la ventana o recordar paisajes coloridos. Estaba en un transporte público, en invierno, en Buenos Aires, con 25 años, cansada y con botas nuevas. Porque hoy me animé a mirarme los pies, o los pies que están en el piso. Que están muy lejos de la cabeza, muy lejos de donde quisiera estar. Yeno a la casa de no sé quien. Porque no había encontrado la música o el libro que ayudan a escapar.

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