miércoles, 1 de junio de 2011

352 poemas



Hoy me levanté con ganas de escribir 352 poemas. Soy consciente de que no puedo hacerlo. No sólo por la cantidad, ya que si me dedico las 24 horas sólo a redactar, tal vez, aunque sea llegaría a 100, y eso ya sería un gran mérito. Y diría, al final de la jornada, que me había levantado con ganas de escribir 100 poemas.
Me gritaron ¡Dejá de imaginar! Y en el contexto estaba bien, ya que a veces es necesario sólo esperar.
Pero eso me hizo pensar. Siempre supe que mi mundo interno era mucho más rico y oscuro que el externo. Afuera hay luz, de día el sol, de noche lamparitas. Adentro es todo oscuro, muy profundo, lleno de preguntas, muchas sin respuesta. La mayoría sin respuesta. A veces yo misma me grito ¡ Dejá de pensar!
Necesitaría hacer algo más productivo que escribir en el blog y dedicarme a rendir finales y hacer la tesis. Ya lo sé. Necesito alienarme un poco. Pero no quiero dejar de pensar. Tal vez pensar menos está bien. Pero sin dejar de hacerlo por completo. Y ahora ya no sé que es lo que está bien. ¿ Dejar de pensar un poco está bien? Es una pregunta muy sincera, desde la más oscura oscuridad.
Tal vez si sigo pensando, empezaría a hablar sola con el fin de responderme a mis propias preguntas, y caminaría por las calles envuelta en un apasionante monologo y nadie diría “esa chica tiene un mundo interior muy intenso”, dirían que estoy loca. Pero yo se que no.
Volviendo al principio de todo esto. Tenía ganas de escribir 352 poemas y no soy escritora, ergo, no puedo. ¿Y qué hago entonces? Escribo lo primero que se me viene a la cabeza. Estoy diciendo algo cuando en realidad quiero decir otra cosa. Y esa es una de las tantas preguntas de acá adentro

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